Solo soy un hombre solo; todo lo que sé del amor es que el amor es todo.
Aun conservo casi todos mis dientes,
casi todos mis cabellos y pocas canas;
aun puedo cargar en mis brazos a una bella dama,
depositarla suavemente en mi lecho
y hacerle y deshacerle el amor.
Aun puedo correr cuarenta o cincuenta metros,
tras el autobús que me acaba de dejar atras.
Aun estoy en capacidad de inclinarme ante una dama
y en aras del honor... retar a un caballero.
Aun mi alma se sublima ante la belleza, la bondad
y mi corazón se exalta ante la posibilidad de un nuevo amor;
Ahora mi rostro se ilumina con la tenue luz de la madurez,
en mis ojos se nota el brillo de la transparencia y la sinceridad,
en mi boca se dibuja una sonrisa de satisfacción
y en mi frente se marcan las huellas de la experiencia;
ahora mi alma en armonia refleja esa paz, serenidad, confianza y seguridad,
que solo se adquiere en el diario trasegar de la vida.
Todavia mi espiritu indomable siente el romance y la libertad,
y aun sin poseer grandes virtudes o grandes defectos
sabe valorar en su justa medida todo cuanto se le otorga.
Pero antes no me detenia a pensar en estas cosas;
solo ahora desde el pedestal de mis años me detengo un instante,
para sopesar la vida y darle valor a lo que verdaderamente lo tiene.
Estoy en plena juventud de mi madurez.